22 jul. 2011

Y para acabar.......

Que mejor que la visita al Taj Mahal que según dicen es el edificio más bonito del mundo. No sé si será el más bonito, parece un poco osada la afirmación, pero si que es de una belleza especial. Un edificio hecho en nombre del amor, pero por un rey claro, porque sino por mucho amor que se tenga a un ser querido difícil será construir algo semejante. No hace falta que describa mausoleo porque todo el mundo lo conoce y una imagen vale más que mil palabras.

De Agra

Por ser nuestra ultima visita del viaje, escogimos hacer un tour privado de ida y vuelta el mismo día. Era algo que desde llegar a India habíamos dicho que no haríamos. Llegado el día y apurados por los cambios de última hora, no tuvimos otra opción. El trayecto en taxi desde Delhi dura aproximadamente unas 4h. Pero en India siempre hay incidencias y aunque la carretera estaba en buen estado tuvimos una gran retención en Mathura debido al festejo en la ciudad natal de Krisna. Se trata de una peregrinación a uno de los muchos templos hindús de la ciudad y que dura un par de días. Ambiente festivo, calles abarrotadas y gente variopinta por todas partes que van a rendir culto a uno de sus muchos dioses. El templo es realmente bonito.

De Agra

Una vez en Agra, empezamos visitando la tumba de Akbar que data del S.XVII y tiene una gran extensión de terreno. Otra vez un gran edificio de gran belleza arquitectónica par albergar el féretro de una sola persona. Después de ahí se nos subió en el coche un guía personal para visitar el Taj Mahal. Como no lo esperábamos pensamos en decirle que se marchara, que no le necesitábamos. Fue nuestro chofer que nos advirtió que estaba incluido en el precio de la excursión. Entonces perfecto. Nos fuimos a comer en un restaurante de especialidades de India del Sur y luego al esperado templo de mármol blanco.

Gracias a nuestro guía pudimos enterarnos de la verdadera historia del Taj Mahal, de numerosas leyendas, de su construcción y de los artesanos que lo adornaron con la incrustación de piedras preciosas. La principal historia es que el emperador musulmánShah Jahan de la dinastía Mogol, volviendo de unas las numerosas contiendas militares de la época se encontró a su mujer dando a luz a su 14º hijo. En el parto la mujer falleció y su última voluntad fue que su marido le construyera el edificio más bonito jamás concebido. Fue tal la pena del rey que estuvo casi un mes encerrado en sus aposentos y olvidando los quehaceres propios de un gobernante. Una de las noches, después de darle muchas vueltas al asunto, se le presentó en sueños el templo ideal que construiría a posteriori. Hizo venir hasta Agra a los mejores arquitectos del mundo y a los artesanos más refinados y finalmente pudo construir después de 20 años su templo soñado. El templo, las torres, las 4 puertas de acceso, sus jardines y canales son de una simetría perfecta. Como anécdota decir que el rey tenía previsto acabar su obra con un templo igual pero de mármol negro justo enfrente del original y así acabar de cerrar la simetría al otro lado del río.

De Agra

Acabamos el día pasando por un par de tiendas concertadas por el guía para que sucumbiéramos en la compra de piedras preciosas del lugar y la piedra negra de Agra conocida como estrella de la India. También pasamos por un centro donde trabajaban el mármol con incrustaciones de estas piedras al estilo del Taj Mahal. Aunque fuera nuestro último día del viaje no sucumbimos, por suerte, ya que los precios no bajaban de los 3 o 4000 €. Al no comprar nada nuestro guía nos dejó discreta y educadamente visitar el fuerte de Agra por nuestra cuenta. Aquí dimos nuestro último paseo y observamos desde la lejanía, como en su día el rey, el Taj Mahal por ultima vez. El rey estuvo recluido en el fuerte los últimos años de su vida. Lo encerró su propio hijo pero con el privilegio de ver su obra maestra desde su habitación. Finalmente sería enterrado cerca de su mujer.

De Agra

17 jul. 2011

Mi retiro en Tushita

Esta vez tendré que hablar en primera persona del singular, ya que los diez días de retiro han sido completamente en silencio y por lo tanto sin comunicación verbal con Eugenie. Llegamos a Tushita con muchas ganas aunque sin muchas espectativas de lo que íbamos a vivir. Sabíamos que serían unos días en donde aprenderíamos a meditar, estaríamos en silencio, comeríamos vegetariano y tendríamos 3 o 4 horas al día de clases en introducción al budismo, sin conexión a Internet, ni móviles, ni cámaras de fotos.

De Mc Leod

A tiro pasado puedo decir que no solo se cubrieron mis espectativas sino que se superaron ampliamente.

Hace mucho tiempo que tenía curiosidad por el tema de la meditación aunque nunca me había acercado para descubrirla. Lo primero y más importante es la postura corporal ( y lo más difícil por mi poca elasticidad) así como la completa relajación centrada en la respiración. Luego empieza un apasionante viaje al interior de tu mente, porque sí, tenemos una mente de incalculables rincones que no percibimos en nuestro consciente, que está ahí esperando que un día te decidas a visitarla de una forma sosegada y curiosa. En toda la estancia en el centro llegamos a tener unas 40 sesiones de meditación de entre 30 y 40 minutos cada una. Como es normal cada una de ellas fue diferente. En alguna no me concentraba por algún dolor en la pierna o porque se me dormían los pies. En otras, llamadas "mindfullness", encontrabas la gloria solo dejando fluir recuerdos, visiones y descubriendo las sensaciones que la mente me ofrecía. Y otras, las analíticas se centraban sobre algún tema relacionado con el Budismo. Una gran variedad, siempre guiados por Richard quien nos iba indicando con una voz suave lo que teníamos que ir haciendo en cada momento. Los dos últimos días fueron intensivos en meditación, lo que ayudó a cimentar todo lo aprendido. A parte de las sesiones tuvimos algunas clases de yoga para preparar el cuerpo y realizar estiramientos útiles para la meditación.
A partir de ahora mi intencion es seguir meditando a mi manera, quizás por las mañanas para seguir avanzando en descubrir mi mente, que parece ser que tiene muuuuuuchas posibilidades, como las de cada uno de nosotros.

De Mc Leod

El segundo objetivo del retiro fue entrar a conocer el budismo de una manera más profunda de lo simplemente superficial. Realmente fue otra grata sorpresa. Más que religión hablaría de una filosofía. Muchas de las cosas de las que hablamos estos días son perfectamente aplicables a nuestra vida diaria. Otras muchas, por suerte, ya las estaba aplicando anteriormente sin un fundamento budista pero igual de válido. Y en cuanto a la visión más religiosa o necesaria de una cierta fe, pues ahí queda. Glen, nuestro profesor australiano, y uno de los mejores profesores que he tenido nunca nos explicaba cada una de las bases del budismo tibetano en su rama del Mahayana. Conceptos como paciencia, apego, aversión, ira, sabiduría, compasión, vacuidad, camino espiritual y algunos otros se relevaron como básicos para entender la filosofía. Estos conceptos tenían que ser explicados una y otra vez ya que muchas veces las traducciones literales del sánscrito o del tibetano no reflejaban correctamente lo que querían sugerir. Me sentí muy a gusto con todo lo explicado y sin convertirme al budismo de momento, pienso aplicar mucho de lo aprendido en mi vida diaria. Todas las clases fueron en inglés, espero haberlo entendido todo correctamente......

De Mc Leod

En resumen, mi estancia en Tushita la recordaré gratamente por todo lo que he aprendido y puedo aplicar a mi vida sin mucha dificultad. La comida india vegetariana estuvo muy bien y estar 10 días en silencio resulto ser más fácil de lo previsto. El centro estaba situado entre arboles en la montaña a unos km de McLeod Ganj. Tuvimos lluvia cada día al ser época del monzón y estuvimos acompañados en todo momento por una colonia de monos que habitaba el lugar y era nuestra única fuente de distracción.

De Mc Leod

Saliendo del retiro nuestras mentes habían cambiado, estábamos relajados, satisfechos con todo lo realizado los meses anteriores y sin haberlo hablado anteriormente ambos decidimos que nuestro viaje había llegado a su fin. Era una bonita guinda para el pastel y adelantamos nuestro vuelo de regreso unos 15 días!

14 jul. 2011

Une journée à Manali

A force de prolonger notre séjour dans le haut Himalaya, nous avons réduit à une journée seulement notre passage à Manali. C'est l'un des arrêts obligés de la région d'Himachal Pradesh, mais nous étions aussi contents d'y arriver que d'en repartir.

Cette petite ville de montagne est l'un lieu de villégiature très prisé des indiens, particulièrement en cette saison où les températures en plaine sont difficilement supportables. Les couples viennent y passer leur lune de miel, et profitent du large éventail d'activités proposées par les agences locales. L'une des principales attraction est la neige: la plupart des indiens qui viennent à Manali n'ont jamais vu la neige, ils emmènent donc toute leur famille admirer les quelques plaques de glace qui n'ont pas encore complètement fondu dans les collines des environs. En passant le dernier col en provenance de Leh nous avons ainsi croisé toute une foule d'indiens habillés en combinaison de ski, parfois montés sur des mules pour éviter les embouteillages et atteindre les "pistes" du sommet. Un spectacle assez surréaliste que nous avons eu le temps d'apprécier bloqués pendant plus une heure au milieu des jeeps.

De Leh-Manali

Une fois arrivés à Manali nous continuons l'immersion en dormant en plein quartier indien, la ville est envahie par les touristes, impossible de circuler, c'est un petit Delhi dans la montagne! Notre seule activité se résume à la visite du temple Hadimba, que nous voyons seulement de l'extérieur car la queue nous décourage, et le spectacle de la foule vaut tout autant le déplacement. Les gens se font prendre en photo à coté de magnifiques yaks aux longs poils, ou avec l'un des gros lapins blancs dont la laine est utilisée pour la fabrique des châles.

De Leh-Manali

La foule passe rapidement du temple au centre d'attraction situé juste à coté, avec des manèges manuels qui semblent venir d'une autre époque.

De Leh-Manali

C'est déjà l'heure de prendre le bus pour Dharamsala, notre premier bus indien, et vu la gare on peut s'attendre au pire: grand terrain vague jonché d'ordures où se promènent en boittant toutes sortes d'animaux en quète de nourriture. Et c'est la gare des bus privés! Heureusement il y a toujours quelques chaises abritées par une bâche pour boire un thé masala en attendant l'heure du départ. Et après toutes ces heures de transport en commun on est immunisé...

13 jul. 2011

Esto es un regalo!

Acabada nuestra meditación de 10 días ya puedo escribir sobre mi regalo de cumpleaños de unos días atrás. El regalo consistió en poder realizar el trayecto entre Leh y Manali en un Jeep para nosotros dos, pernoctando a medio camino. La alternativa era el bus local que tardaba unas 21h en recorrer los 476 km de distancia bordeando las montañas del Himalaya en unas condiciones poco deseables.

De Leh-Manali

Partimos a las 5h de la mañana ya que nos esperaba una jornada larga con algunas visitas de por medio. Saliendo de Leh a una hora escasa de camino llegamos a Thiksey, conocida por su Monasterio budista. Eran las seis de la mañana y no se veía ni un alma, aun así entramos a dar una vuelta y tomar la 4 fotos pertinentes. Continuamos el camino ya que no había tiempo que perder únicamente parando a tomar un te y unas galletas en compañía de la gente del bus que nos iríamos cruzando a lo largo de toda la jornada.

A partir de aquí empezó la aventura. Cambio de asfalto en más o menos buenas condiciones por un camino de tierra, piedras y baches bordeando el río y evitando los continuos deslizamientos del lateral de la montaña. No habían pasado ni 20 minutos que nos encontramos parados en medio de una multitud de Jeeps, camiones llenos de bidones y algunos militares. La causa, el desbordamiento del río. Saliendo de su cauce habitual había invadido el terreno reservado para el camino. Algunos llevaban más de cuatro horas esperando a que llegara alguna escabadora que al final llegó al tiempo que nosotros. La tarea era árdua y difícil y tras más de una hora de intentos fallidos de remover piedras, entre la mirada de cientos de curiosos, desistió y los militares tomaron la iniciativa. Había mas de una treintena de ellos y no os creáis que hicieron ningún trabajo de equipo o emergencia, ja, simplemente urgieron al primer de los coches a que pasara sin más. Pues la iniciativa dio su fruto y uno a uno fueron pasando todos los coches y motos que llevaban mas de 5 horas parados. Suerte de los militares! Algunos de ellos hacían fotos del evento con sus móviles, mientras otros conductores se arremangaban para empujar a motos y evitar que quedaran varadas en mitad del río.

De Leh-Manali

Esto no había hecho más que comenzar. Nos quedaban por delante unas 13 horas de camino hasta nuestro destino. A no más de 20 km/h fuimos subiendo montañas, bordeándolas, bajándolas y sorteando todo tipo de obstáculos. Cuando no era un río que cruzaba el camino era una cascada de agua que dificultaba el paso. La nieve en algunos puntos estaba también empujando hacia el precipicio. Polvo, barro, camiones, algún intrépido en motocicleta y lo más alucinante, algún ciclista iluminado pedaleando a más de 5000 m de altura y por caminos casi impracticables.

De Leh-Manali

En definitiva, las palabras no pueden describir el largo camino que hicimos y las dificultades peligros y cansancio que sufrimos. Para más inri le pedimos a Tashi, nuestro chofer ladakí, salirnos de la ruta para visitar un insólito lago de sal. Cominos en algunas tiendas llamadas restaurantes en donde solo tenían arroz y dhal pero que sabía a gloria en mitad de ninguna parte. Al día siguiente, después de las 16 h del día anterior, tuvimos que recorrer unos 110 km (7h) pero el camino fue mucho más agradable, cruzando alguna aldea y valles más verdes ya que estábamos solo entre los 2000 y 3000 m de altitud.

De Leh-Manali

A parte del camino nos sorprendió la cantidad de puestos y campamentos militares por todas partes. Realmente estábamos cerca de la zona de Kashmir y históricamente ha sido zona de conflicto entre Pakistan e India. Otra cosa que no olvidaremos fue la cantidad de obreros sin ningún medio ni recurso al borde de esta infernal carretera. Su trabajo consistía en ir retirando rocas de gran tamaño, con un mazo ir triturándolas y amontonándolas para reparar zonas con baches. Dormían al borde de la carretera, en tiendas apuntaladas con piedras y en unas condiciones de trabajo inhumanas. Por no tener, no tenían ni una carretilla. Nos comentó Tashi que venían de otras regiones de India más pobres y algunos de Nepal.

De Leh-Manali

Por lo tanto, gracias Eugenie por este regalo de cumpleaños tan especial. Pasarme 16 h de coche en una de las carreteras más peligrosas y altas del mundo, no lo volveré a vivir en mucho tiempo. Pero realmente ha sido espectacular, por las vistas y las sensaciones , irrepetepible.

29 jun. 2011

Meditando........

Finalmente hemos llegado a McLeod Ganj, pueblo donde esta ubicado el gobierno del Tibet en el exilio. El Dalai Lama tiene aquí su residencia oficial y justamente estos días esta dando conferencias en la ciudad.
Nuestro camino desde Leh hasta aquí ha sido largo y difícil. El trayecto entre Leh y Manali lo hicimos con un Jeep privado, regalo de Eugenie por mi cumpleaños y que ya explicare en otra entrada. En Manali, ciudad sin mucho interés y repleta de turismo indio, tomamos un autobús de 10h de recorrido nocturno en el que fue imposible dormir por la cantidad de curvas, baches, y conducción temeraria del conductor.
Pero ya estamos aquí y nuestra visita tiene un fin concreto.

Mañana entramos en un Centro de Meditación (Tushita), para pasar 10 días aprendiendo a meditar y tomando clases de introducción al Budismo. Son 10 días que pasaremos en silencio y viviendo de forma monástica a lo oriental, estiramientos, relajacion, comida vegetariana, vestimenta adecuada y nada de fumar ni sexo.




Ahí lo dejo, esperamos que sea una buena experiencia de crecimiento interior y que nos sirva para un futuro.


Hasta pronto, shhh............

28 jun. 2011

Nubra Valley

Puisque tout le monde y va, c'est sûrement un endroit à voir... Et comme nous n'avons ni le temps ni le courage de partir pour plusieurs jours de trekking, nous prenons l'option voiture pour un aller retour de deux jours dans la vallée du Nubra.

Notre chauffeur Ali, originaire de Leh et parlant à peine anglais, prend sa mission au sérieux et enchaine les virages en mode rally sur fond de musique locale. Alors que nous quittons la vallée de Leh les pics sont de plus en plus impressionnants, sans aucune végétation et avec quelques taches de neige qui résistent encore sur les sommets. Nous arrivons ainsi au col de Khardungla, le plus haut du monde à 5602 mètres d'altitude. Le seul fait de monter les marches menant à un petit monastère nous laisse sans souffle, et la glace ne nous permet pas d'arriver en haut. Dire qu'il y a des gens qui viennent ici en vélo!

De Nubra Valley

La route qui mène au col est sans doute la plus dangereuse de nos dix mois de voyage, une piste pleine de trous avec à peine la place pour une voiture, alors que des camions et des bus passent dans les deux sens. Cinq heures pour parcourir 135 km, toujours au bord du précipice, en passant les plaques funéraires et les messages de sécurité routière qui font preuve d'une grande originalité de style (jamais deux pareils) mais que personne ne lit à part nous. Pourtant les croisements s'effectuent sans problème, un coup de klaxon et le camion s'arrête dès qu'il peut pour céder le passage; dans ces conditions l'amabilité est la meilleure des sécurités.

De Nubra Valley

Heureusement en descendant vers les premiers villages de la vallée la route s'améliore un peu, et nous découvrons des oasis de verdure qui suivent le lit du fleuve, avec les premières culture qui dénotent dans le paysage aride de la montagne. Mais chaque village est avant tout un camp militaire, avec quelques maisons autour, la région en est remplie sans doute du fait de sa proximité avec le Cashemir. Nous passons ainsi Khardung et Khalsar, avec un pause déjeuner pour le typique et délicieux dahl, riz accompagné de lentilles et de légumes.

Nous passons la nuit à Hundar, petit village en plaine qui donne sur un mini désert de dunes dans lequel sont organisées des promenades en chameaux. Mario finit par se laisser convaincre et nous faisons les touristes avec tous les indiens pour une demie heure de promenade, c'est moins cher qu'au Maroc...

De Nubra Valley

Le retour se fait le lendemain en suivant le même chemin, avec une visite du monastère de Diskit et ses salles de prière présentant un étrange mêlange de religion bouddhiste et hindouiste. Derrière le temple un immense Bouddha peint domine la vallée.

De Nubra Valley


Et j'oubliais... à force de les chercher pour completer notre collection d'animaux exotiques nous avons fini par les trouver, nos premiers yaks!

De Nubra Valley

Premiers pas dans l'Himalaya

Nous survolons l'immense chaîne de l'Himalaya, pics enneigés visibles au dessus des nuages, lorsque l'avion entame une brusque descente pour atteindre la piste enclavée de Leh, capitale du Ladakh. Grand ciel bleu qui contraste avec les montagnes rocailleuses, on ne voit que quelques arbres dans la vallée où s'étendent les maisons d'adobe, à 3500m d'altitude. Nous sommes au même niveau que Cuzco mais le paysage ne ressemble en rien aux Andes, et on ne se croirait pas non plus en Inde. Fini le stress de Delhi, ici les gens nous accueillent dans le calme et avec le sourire.

De Leh

Les habitants originaires du Ladakh ont les traits asiatiques comme les tibétains, et sont habillés en robe traditionnelle faite de grosse laine pour supporter le froid. Ils sont en majorité bouddhistes, même si là aussi on retrouve le mélange des cultures et des religions propre à l'Inde. Les indous sont peu nombreux, principalement des touristes fuyant la chaleur des grandes villes, mais on trouve une communauté musulmane et tous les matins nous nous réveillons à l'appel du muezzin. Les mosquées côtoient les temples, et la ville est parsemée de gompas et de grands moulins à prière (mani korlo), cylindres remplis de mantras que les passants font tourner dans le sens des aiguilles d'une montre.

De Leh

Nous restons deux jours sur place, le temps de nous acclimater et de visiter la ville. La principale attraction est le Palace de Leh, situé à flan de montagne et surplombant la plaine. Construit en 1553 par des rois bouddhistes, il a une certaine ressemblance avec son homologue de Lahasa et aurait était à cette époque le plus grand monument au monde. Le chemin qui y mène traverse le vieux quartier de Leh et la montée finale nous rappelle que nous n'avions pas marché en montagne depuis bien longtemps. La visite est rapide et quelque peu décevante car beaucoup de salles sont fermées ou en rénovation, et pour atteindre le sommet il faut traverser les nuages de poussières formés par les femmes qui travaillent à la reconstruction.

De Leh

La vue d'en haut est néanmoins très belle, et nous motive à poursuivre pour rejoindre le Fort Tsemo par des zigzags qui mènent au sommet de la montagne. Le bâtiment, presque en ruines, est fermé, et nous restons admirer les alentours sur fond de drapeaux bouddhistes, fanions de couleurs ornés de mantras accrochés un peu partout pour que le vent fasse monter les prières.

De Leh

En redescendant nous traversons les quartiers les plus reculés de la ville, et finissons dans l'un des multiples bazars où les locaux vendent de tout, du sac de couchage à la couverture en poil de yak. Dans le centre ce sont les boutiques qui pullulent, avec des articles destinés aux touristes, châles en cachemire, antiquités, et une impressionnante collection de bijoux fabriqués pendant l'hiver par les habitants des villages attenants. Corail, lapis lazuli, turquoise, on y passerait des heures (surtout moi) mais c'est dangereux pour le budget.

De Leh

Deux jours à profiter de la vie en altitude, dans le calme et la fraicheur, en regrettant juste la quantité de jeeps et de camions qui traversent le centre à toute heure et dont les gaz d'échappement nous font oublier l'air pur de la montagne.

27 jun. 2011

Última etapa, India

Para el final de nuestro viaje dejamos uno de los países o subcontinente, como le llaman, con más riqueza, cultural, religiosa, histórica y gastronómica, India. Y que mejor que tener un primer contacto que en New Delhi? Ciudad donde la mezcla de todas estas virtudes es más evidente.

En un principio nuestro paso por la capital iba a ser relámpago, un par de días y a visitar otros lugares. Pero nuestro continuo cambio de planes y una reserva de avión hacia Leh, en el Himalaya, alargó la estancia 4 días. A pesar del intenso calor, tuvimos tiempo de visitar parte de la ciudad y sus monumentos más representativos. Empezando por su céntrico y concurrido Red Fort (Lal Qila). Supongo que al ser sábado la cantidad de visitantes locales se multiplica, a parte del precio de la entrada, 5 rupias para los locales y 250 rupias para extranjeros. Con razón, en la cola para entrar, un grupo de hindús bajo el sofocante calor, rompieron a reír cuando comparamos nuestros tickets. El recinto es un antiguo palacio enmurallado (1648) de unas cuantas hectáreas de terreno que por desgracia no está casi mantenido, ni restaurado. Solo conservan un aspecto renovado los muros y entradas al fuerte de un color rojo oscuro.

De New Delhi

Mucho mejor conservado y majestuoso a la vez que delicado es la tumba de Humayun. Un voluptuoso edificio del siglo XVI, con la típica cúpula persa, que fue construido por la esposa del segundo emperador Mughal, Humayun, para que descansaran sus restos mortales y que sin duda recuerda arquitectónicamente al famoso Taj Majal. Esta construido en piedra roja y mármol blanco, rodeado de varios km de canales de agua y unos bonitos jardines con cuatro entradas diferentes.

De New Delhi

El Museo Nacional fue otra visita interesante. Aunque también dejaba mucho que desear el estado de las instalaciones, todas las piezas que contiene son de gran valor artístico e histórico. Ofrece un repaso por las diferentes corrientes y épocas tanto en escultura, tallas de madera, pinturas y representaciones religiosas. Dioses hindús como Brahma, Vishnu, Shiva, Ganessa y diferentes figuras de Budha eran sin duda los protagonistas de la exposición. Tallas de madera de A.C., cornisas de templos, pinturas en miniatura de las continuas guerras y las monedas indias utilizadas en su historia completaban el museo, con unas cuantas salas cerradas por reforma.

Aunque una de las visita más impactantes fue la de la residencia de Mahatma Gandhi durante los últimos días de su vida, el Gandhi Smriti. En el exterior se encuentra el lugar donde fue asesinado el 30 de Enero de 1948, mientras estaba rezando. En el interior un repaso por su vida y la importancia que tuvo su lucha pacífica y desobediencia civil en el devenir de su país. Fotos históricas, relatos de sus pensamientos y artículos en los diarios llenaban la primera planta. En la segunda una exposición multimedia muy interactiva pero limitada en tiempo y forma por una guía personal que te iba pasando de una habitación a otra a un ritmo frenético. En el porche su habitación austera y sin mas que una cama y un escritorio, recordando su renuncia a las posesiones materiales.

De New Delhi

A parte de estas visitas obligadas y nuestro rápido paso, después de la oración de la tarde, por Jama Masjid, la mezquita musulmana más grande de India, con cabida para 25.000 personas, lo que más recuerdas de Delhi son sus bazares, barrios, rickshaws verdes y amarillos , su caos circulatorio y la mezcla de gente y comidas. Quien había dicho que la comida vegetariana era aburrida? Quien tenga todavía dudas que se pase por India y pruebe entre otras cosas sus Thalis, bandejas metálicas con cabidades para diferentes cocinados vegetarianos. Si tienes suerte de elegir el día y lugar, como la tuvimos nosotros, te van rellenando la bandeja sin parar, naan, biryani y rotis también estaban incluidos. Y si no eres vegetariano, el cordero es la mejor opción, porque entre tanto hindú que no comen ternera y tanto musulmán que no comen cerdo es difícil encontrar otras carnes, excepto el omnipresente pollo.

De New Delhi

Y hablando de bazares el de la salida de Jama Masjid, no tiene desperdicio. Es un barrio mayoritariamente musulmán y la mezcla de gentes que encuentras es alucinante. En cierta forma parece que estés en Marruecos pero con el añadido hindú. Vacas por la calle, corderos atados en cualquier puerta, hornos de piedra, olores, rickshaws, pitidos, humo, pieles, comida, gente......esto es India en estado puro!

De New Delhi

20 jun. 2011

Special Bangkok, for Patt...

So you can read at least one post of our blog!

As we already had a good view of Thai life thanks to a very special new year's eve in Patt's family more than a year ago, we only went across Thailand and stayed for a few days in Bangkok, central hub with plenty of cheap flight connections to other Asian countries. The plan was: Angkor-Bangkok by bus, Bangkok-Yangon-Bangkok by plane, and finally Bangkok-New Delhi by plane, no return...

First of all the visas, as we needed one for both Myanmar and India. No problem to get a quick Myanmar visa, the embassy was quite empty (in spite of traveller's advices to arrive well in advance), and paying a bit more we could get a visa the same day. It was more complicated for the Indian visa, as they needed at least 5 open days. And to be honest we totally forgot this detail, and only had one day transit on the way back. Once more we were lucky as we could do it in Myanmar, the consul let us the passports during the whole process so we could keep travelling without waiting in Yangon (in Myanmar you always have to bring an ID with you).

Once we made the paperwork we could enjoy a few days in a big city: modern Bangkok is quite amazing when you come from small cities of south east Asia... So we did what we almost never do at home, i.e. spending a whole day in a huge mall, eating at Mc Donald, and watching the last Pirates of the Caraibes in the newest cinema in town. Sometimes it's good to have some comfort and technology! Just having wifi in the hotel was a big improvement after our stay in Myanmar, and we spent almost a day charging photos and updating the blog.

As we already knew the loud night life in the backpackers zone of Khaosan Rd, we chose to stay a bit further, in Sam Sen Rd, much quieter and with a delicious Chinese restaurant on the way. I think it is the only place where we ate three times in the whole trip! Prawns with basil and chili, duck in soy sauce, morning glory with garlic, and so on... We didn't go shopping as it's almost the same tee-shirts, bags and shoes from one year to another, and we somehow got tired of the street shops. And now we are used to travel without buying anything at all!

Mario finally decided to make a tattoo, in a safe place following Patt's advice. You need somebody who understands English well if you don't want to end with a big dragon on your shoulder! He chose a small and personal drawing, quite complicated to explain but the result was good. A bit more than one hour work, seemed to hurt quite a lot... I wanted one on the foot (Patt, remember the japonese flowers?) but it was too visible and I finally decided that one was enough for a life.

De Bangkok

The best in Bangkok was meeting Patt after such a long time, and going together for a few drinks in Khaosan. Just missing Xavi... A lot to share since the last time we met in Spain, before we started travelling. But this time we will be almost be at the same time in Girona, to enjoy together the Costa Brava during summer!

De Bangkok

17 jun. 2011

La quète de la roche d'or

Tout se mérite, et nous n'avions jamais fait autant d'efforts pour aller admirer un rocher. Par n'importe lequel il est vrai, puisqu'il s'agit de l'un des principaux lieux touristiques et de pèlerinage du Myanmar: la roche d'or de Kyaiktiyo. Plusieurs tonnes de pierre recouvertes de feuilles d'or, coiffées d'une petite "stupa" censée contenir un cheveux de Bouddha, le tout posé en équilibre tout en haut d'une colline. Malgré le temps et les nombreux tremblements de terre l'ensemble n'est pas encore tombé, même si la roche penche de plus en plus vers le vide.

Le site n'est pas très loin de Yangon, mais pour y arriver nous avons quand même dû faire 4h30 de bus local, par les petites routes et avec beaucoup d'arrêts. Le terminus étant à quelques dizaines de kilomètres de Kipun, où se trouve notre hôtel, nous terminons par une demie heure de scooter à travers champs. Juste le temps de poser nos sacs et nous voilà repartis en quète d'un moyen de transport, en l'occurrence une sorte de bétaillère à ciel ouvert, avec des bancs en bois, où s'entassent une quarantaine de personnes. Il faut attendre qu'il soit plein pour partir, une petite demie heure de plus, juste quand la pluie commence.

De Kyaiktiyo

Double kway sans grande utilité sous les trombes d'eau, au milieu des sacs de riz et des locaux imperturbables: rien de plus normal, c'est la saison des pluies qui commence. On nous fait descendre au bout de 45 minutes de trajet, les étrangers doivent finir le chemin à pied. Encore 45 minutes de montée abrupte, heureusement par un chemin pavé, ce qui nous évite quand même les torrents de boue. Une succession d'échoppes en bois longe la route, mais en cette saison presque toutes sont fermées faute de clients. On voit même par terre des chaises à porteurs, reliques des temps coloniaux, encore utilisées par les visiteurs qui veulent éviter la promenade.

De Kyaiktiyo

La fin du trajet se fait pieds nus puisque nous sommes déjà dans l'enceinte d'un temple, et c'est particulièrement glissant sur le sol imitation marbre. Nous traversons tout le site dans la brume, pratiquement sans rien voir, et arrivés au bout nous devons faire demi tour car nous avons manifestement raté le rocher. Nous voyons enfin une forme dorée, nettement moins grande que ce l'on pensait, avec une petite pagode au sommet. Nous nous réfugions dans une pièce vitrée réservée à la prière, où nous devons contribuer aux dons des pèlerins. Les femmes ne peuvent pas s'approcher du rocher, mais Mario a l'honneur de traverser la barrière sous le vent et la pluie pour le toucher et y coller une feuille d'or.

De Kyaiktiyo

Comme la visibilité reste à peu près nulle nous redescendons assez vite, pour revivre la même aventure en sens inverse... Nous ne garderons pas un souvenir impérissable de la roche d'or, mais certainement du chemin qui y mène!

15 jun. 2011

Entre templos y Budhas

5h de la mañana, bueno de acuerdo, 5:30h de la mañana, otra vez se nos escapa nuestro anhelo de ver un amanecer espectacular en Bagan, tierra de los 4.000 templos. Nos montamos en nuestras bicicletas de paseo y nos dirigimos 6km al norte. Tenemos suerte, unas finas nubes provocan que el sol salga por segunda vez. El espectro de luz por detrás de los templos es alucinante, te transporta a épocas pasadas. Nadie a la izquierda, nadie a la derecha. Los campesinos no han llegado todavía a sus respectivos campos. Los monjes budistas no los hemos cruzado por el momento. Seguro están desfilando por otro camino en busca de su comida matinal. Nos quedamos observando el espectáculo natural en un escenario sagrado antes de proseguir nuestro camino.

De Bagan

Pedaleamos sin prisas, boquiabiertos por la cantidad de templos que hay en el camino. Pagodas y pagoditas, estupas, estatuas de Buda y naturaleza. Antes de llegar a Sulanami Pahto, pincho la rueda trasera. No importa es todo demasiado bonito como para preocuparse. Aparcamos las bicicletas y seguimos nuestro camino a pie. A pocos pasos del lugar encontramos el templo, son las 6h de la mañana y un hombre en la entrada desperezándose nos saluda y nos abre las puertas. Sulamani Patho quiere decir pequeño rubí. El templo de dos plantas es uno de los mas bonitos de Bagan, por su arquitectura y sus semirelieves. Data del S.XII y su estado de conservación es admirable. Cuenta la historia que fue el rey Shewar..... II quien lo mandó construir después de que en el mismo lugar hubiera encontrado un rubí, que suerte tienen los reyes!

De Bagan

A la salida en una barraca de bambú se despierta la familia que habita en ella. Los niños empiezan a corretear y un hombre nos ofrece te y algo para desayunar. Le preguntamos que si por casualidad no podría arreglar pinchazos. "Por su puesto que sí, tengo todas las herramientas y parches, cada pinchazo lo cobro a 300 kyats (30 cts)". Perfecto solo tengo uno y saldrá barato. Al final con la ayuda de un paisano del lugar encuentran unos 6 agujeros, no hay problema sigue siendo barato.

De Bagan

Seguimos a pie un par de kilómetros para visitar Pyathada Paya, otro templo de dos pisos desde el cual se divisa todo el plano de Bagan y sus innumerables pagodas. Por el camino, seguimos en otra época, un par de bueyes arrastran el arado y al campesino que los guía. Mujeres plantan los tallos de arroz con la mitad de las piernas en el agua. Los monjes, con sus túnicas naranjas desfilan con sus cuencos en busca de algo de comida. Nosotros, nuestras bicicletas y nadie más. Subimos a la parte superior de la pagoda, la vista es impresionante, hacemos fotos, nos sentamos, suspiramos y reímos.

De Bagan

El resto del día lo pasamos entre templos. A parte de los señalados, todos los otros son improvisados. Los hay con cúpulas doradas, otros hechos en piedra y otros en ladrillo. Encontramos en su interior cientos de Budas en diferentes posiciones. Los sentados meditando y enseñando, alguno que otro de pie y otros estirados esperando su nirvana. Los hay originales del S.XI - SXII, algunos restaurados y pintados de nuevo y otros simplemente más recientes.

Nos han dado las 3h de la tarde y no hemos comido, extasiados con tanta divinidad. Hacemos un alto en el camino y degustamos el típico buffet de Myanmar a base de currys, bambú, una pasta de judías agria, jengibre, etc.... El dueño del chiringuito nos ofrece quedarnos a descansar en una de las sillas-hamaca. Aceptamos sin dudarlo. Esperaremos una horita a que se acerque la hora del atardecer.
El lugar escogido es Shwesanadaw Paya, pero esta vez las nubes no han estado de nuestro lado. Un momento de abertura nos permite hacer la foto.

De Bagan

12 jun. 2011

Capitales de Myanmar

Faute de visiter la vraie capitale, nous faisons le tour des villes principales, Yangon et Mandalay. Loin de l'ideal de la classe moyenne que presentent les séries télévisées (jeunes habillés a l'occidentale et passant leur temps dans des boutiques à la mode), nous voyons la vie locale, une vie bruyante et cahotique au milieu des bâtiments décrépis et des trottoirs éventrés. Cela nous rappelle un peu La Havanne, mais en beaucoup plus animé, avec le mélange des communautés birmanes, indiennes, musulmanes, qui vendent dans la rue toutes sortes de plats, de fruits, ou de vêtements.

De Yangon

Le centre de Yagon est sans doute le plus impressionnant, au milieu de la foule des passants, des marchés qui débordent de toutes part, et des gaz d'échappements. Pas le temps d'y penser car il faut se frayer un chemin au milieu du désordre... La ville garde les marques du cyclone de 2008, et dans l'ensemble le gouvernement ne semble pas soucieux de moderniser la principale ville du pays.
A l'ecart du centre se trouve la fameuse Shwedagon Paya, qui a cumulé les couches d'or au cours de ses 2500 ans d'existence. Le dôme est visible de loin, brillant sous le soleil, entouré d'une multitude de petits temples et de ses bouddhas respectifs. Ici les gens viennent se promener, on peut tout faire dans un temple, y compris manger et dormir, tant qu'on laisse ses chaussures à l'entrée. Des couples viennent même y flirter à l'abri du regard des parents, et nous croisons un groupe de jeunes étudiants en physique qui séchent les cours pour visiter la Pagode!

De Yangon

Nous appréhendions notre première nuit dans un bus birman, mais nous sommes plutôt surpris par le confort: clim, sièges inclinables, télé à écran plat... seul inconvénient: les horaires, nous arrivons toujours à destination au beau milieu de la nuit.
Mandalay est une ville plus tranquille et mieux organisée, un peu plus entretenue, avec plein d'endroits a visiter. Nous ne disposons que de deux jours, nous commençons donc par un tour des environs avec un "taxi bleu", mini pick up Mazda des années 60. Nous avons perdu l'habitude de marcher et la simple montée a pied de la colline de Sagaing nous fait l'effet d'un mini trek. Mais la vue en vaut la peine, les environs sont littéralement couverts de stupas, petits dômes dorés surplombant les arbres.
Nous changeons de moyen de transport pour rejoindre l'ile d'Inwa, avec une traversée en barque puis la location obligée d'une carriole, les chevaux étant le principal moyen de locomotion. On a l'impression de voyager dans le temps, en parcourant les chemins en mauvais état qui sillonent l'ile, témoins de la vie reculée de la campagne birmane. Après quelques pauses pour visiter les différents temples (et une tour de Pise en version locale), nous rejoignons pour le coucher de soleil le grand pont sur pilotis U Bein, où se promènent à la fois touristes, locaux et moines, et où des femmes partagent avec nous des mangues en attendant la tombée de la nuit.

De Mandalay

Nous finissons notre séjour à Mandalay par la visite du centre ville en vélo, en commençant par la Mahamuni Paya et son immense Bouddha . Des familles entières viennent en procession rendre hommage au Bouddha, et coller des feuilles d'or sur la surface de la statue. Tout près nous avons un aperçu de la fabrication des ces feuilles, un travail entièrement manuel, une pépite étant écrasée durant des jours au marteau pour donner des carrés presque translucides, coûtant 50 centimes d'euros l'unité. Avec la chaleur nous abandonnons la montée en haut de la colline au nord de la ville, et nous nous contentons d'observer un autre procession qui ressemble plutôt à un carnaval, avec des gens habillés en tenue traditionnelle dansant sur de la musique moderne. Il y a même un éléphant pour les photos...

De Mandalay

10 jun. 2011

Burmese Days

"Burmese Days", título del libro que George Orwell escribió en los años 30, nos acerca a la atmósfera que se vivía en Burma (Birmania) cuando todavía era una colonia inglesa. Años más tarde el país se independizó y actualmente vive bajo un régimen militar difícil de digerir. Dejando a parte la política y la triste, injusta e inhumana situación de Aung San Suu Kyi, la mujer de la oposición en arresto domiciliario durante 14 de los últimos 20 años y apartada de sus hijos y marido ya fallecido, y dejando a parte también los numerosos cambios de nombre de ciudades, ríos y del mismo país (ahora Myanmar, para olvidar los tiempos coloniales), el país y su gente siguen manteniendo muchas de sus costumbres, artes, vestimentas y tradiciones que durante siglos les han caracterizado.

Una de las curiosidades recientes es el cambio de capital, que durante la historia se ha ido haciendo cada una o dos generaciones siguiendo indicaciones de algún astrólogo iluminado que lo sugiere para mayor prosperidad del país. La ultima fue en el 2007 dejando su lugar Yangon (antes llamado Rangoon) a la desconocida y desertica Nay Pyi Taw.

Más de un 80% de la población es budista y está muy arraigado, aunque no es una obligación, que cualquier varón haga por lo menos dos veces una temporada de vida monástica. La primera entre los 5 y 15 años como iniciación, y la segunda como monje ya ordenado a partir de los veinte. Esta vida monástica implica seguir las enseñanzas de Budha, meditación durante muchas horas del día, abstinencia, y lo más importante o llamativo el ir a pedir comida por las casas y comercios dos veces al día. Una a las 4h de la mañana y otra a las 9h de la mañana. Por todo lo explicado es normal que a lo largo del país te encuentres con innumerables monjes y aprendices en las calles, autobuses y templos, con la cabeza rapada y la típica túnica naranja o morada. También existe una orden para mujeres (dasasila) que visten una túnica similar de color rosa con un trapo naranja y también la cabeza rapada.

De Mandalay

Los birmanos son especialmente simpáticos, siempre dispuestos a regalarte una sonrisa o un entusiástico "hello" cuando te cruzas con ellos. Son auténticos, muchos con rasgos asiáticos y otro tantos con rasgos hindúes. Una gran mayoría de ellos tiene la costumbre, arraigada durante miles de años, de mascar el Paan, una mezcla de hoja de betel, nuez de areca y cal con efectos estimulantes y muy perjudicial para la dentadura. Después de mascarlo durante unos minutos acaban escupiéndolo junto con toda la saliva segregada y de un color rojo intenso directamente al suelo. No es de extrañar, por lo tanto, que tengas que ir esquivando y saltando por las calles los numerosos y abundantes escupitajos color sangre.

De Kyaiktiyo

En cuanto a su vestimenta también es digna de mención. Los hombres usan el "longyi", una falda anudada a la cintura y de color oscuro y culminado con una camisa en la parte superior. Las mujeres también visten faldas largas con diferentes bordados y anudadas a la cintura pero máxima peculiaridad es el maquillaje natural que utilizan, el Thanaka. Se trata de una mezcla de agua y el polvo que se extrae de un tronco al rascarlo sobre una piedra de forma circular. Esta "crema" de color amarillo se esparce por la cara dibujando diferentes formas. A parte de maquillaje sirve también de protector solar.

De Yangon

Y para acabar la comida. Después de haber probado todo tipo de platos y gastronomías diferentes pensábamos que ya nada nos podía sorprender y que a todo estábamos acostumbrados, nada mas lejos de la realidad, ya que no nos hemos podido adaptar a la comida birmana. Las carnes con diferentes tipos de curry, bien, pero las hojas de bambú con no sé que salsa, la pasta de "sour beans" con ajo, su chile molido y un tipo de pepino con una salsa de pescado fermentado ha sido superior a nuestro gusto y olfato. Sin despreciar su omnipresente sopa agria de alguna verdura y con olor a calcetines viejos. Lo que si nos gustó y sorprendió en cuanto a un nuevo sabor descubierto fue el postre. Tres platitos que tenías que mezclar y comértelos a la vez. El primero, unos cacahuetes con sésamo. El segundo jengibre crudo y laminado. El tercero hojas secas de té verde. Todo junto en la boca provocaba una explosión de sabor indescriptible y aromas duraderos en paladar como diría Ferran Adrià.

De Mandalay